Por: Alfredo Castro

La guerra en Oriente medio.
Tras varios días intensos de investigación y reflexión sobre el conflicto en Oriente Medio, emerge una imagen de conjunto que es a la vez compleja y profundamente problemática.
La situación entre Irán y Estados Unidos estuvo, según diversas fuentes, muy cerca de una escalada hacia una guerra a gran escala, donde apenas una hora habría separado a las partes de un desenlace catastrófico.
Sin embargo, gracias a la mediación de Pakistán, se presentaron las respectivas listas de exigencias, lo que permitió una tregua temporal de dos semanas y la planificación de conversaciones de paz en Islamabad.
El punto de partida de estas negociaciones son dos visiones fundamentalmente incompatibles. El plan de quince puntos de Estados Unidos, formulado en el marco de la administración de Donald Trump, se basa en exigencias amplias de desarme y control de la capacidad militar y nuclear de Irán.
”Incluye el desmantelamiento de instalaciones clave como Natanz, Isfahán y Fordow, la renuncia definitiva al desarrollo de armas nucleares y la entrega del uranio enriquecido a supervisión internacional.
Asimismo, exige limitaciones al programa de misiles iraní, el fin del apoyo a grupos regionales como Hizbulá y Hamás, y garantías de libre navegación en el estrecho de Ormuz.” A cambio, se ofrecen alivios en las sanciones y apoyo a la producción civil de energía nuclear.
El plan de diez puntos de Irán, por el contrario, se fundamenta en principios de soberanía nacional, compensación económica y el fin de la presencia militar estadounidense en la región.
Irán exige el control del estrecho de Ormuz, incluyendo la posibilidad de imponer tarifas de tránsito, la retirada completa de las fuerzas estadounidenses, el levantamiento inmediato de las sanciones y la liberación de activos congelados.
Además, reclama el reconocimiento de su derecho al enriquecimiento de uranio y que cualquier acuerdo sea jurídicamente vinculante mediante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.
Que estas posiciones resulten incompatibles es una conclusión razonable. En la práctica, ambas partes exigen que la otra renuncie a elementos centrales de su estrategia de seguridad y de su identidad geopolítica.
Lo que para una parte constituye una seguridad legítima, para la otra representa una amenaza existencial.
Para Estados Unidos, las exigencias iraníes son inaceptables por varias razones. El control del estrecho de Ormuz y la imposición de tarifas contradicen el principio de libre navegación y otorgarían a Irán un posible control sobre el suministro energético global.
Una retirada total de Estados Unidos de Oriente Medio implicaría abandonar a aliados clave y crear un vacío de poder que probablemente Irán intentaría llenar.
Además, las demandas de compensación económica son políticamente inviables dentro del sistema estadounidense. Para Irán, las exigencias de Estados Unidos resultan igualmente inaceptables.
El programa nuclear no es solo una cuestión energética, sino un símbolo de soberanía nacional y un instrumento de disuasión estratégica. ”Desmantelar instalaciones como Natanz y Fordow sería percibido como una capitulación.”
El apoyo a actores regionales constituye un mecanismo de disuasión indirecta, y sin él Irán perdería una pieza esencial de su doctrina defensiva. Su programa de misiles, además, representa uno de los pocos pilares de su capacidad militar en un sistema de defensa en gran parte destruido y envejecido.
Las llamadas líneas rojas refuerzan aún más el bloqueo. Las tarifas en el estrecho de Ormuz, el desmantelamiento total del programa nuclear, la retirada militar estadounidense y la cuestión de las compensaciones aparecen como puntos políticamente y estratégicamente inaceptables para ambas partes.
Del mismo modo, la exigencia estadounidense de poner fin al apoyo iraní a sus aliados regionales es vista por Teherán como una amenaza existencial. Detrás de estas posiciones subyace una profunda desconfianza, alimentada por décadas de conflicto y acuerdos incumplidos.
La insistencia iraní en garantías jurídicas vinculantes a través de la ONU refleja la experiencia de la retirada estadounidense de acuerdos previos, mientras que las exigencias de control por parte de Estados Unidos responden a la preocupación por el desarrollo militar iraní.
La afirmación de Donald Trump de que la propuesta iraní representa un avance significativo puede interpretarse menos como una aceptación real y más como una maniobra táctica para mantener abiertas las negociaciones.
Factores de política interna también influyen, en particular la relación entre los precios de la energía, la opinión pública y los resultados electorales en Estados Unidos.
No se ganan elecciones con precios altos de la gasolina. Las reacciones regionales se caracterizan por una mezcla de alivio y escepticismo. Israel respalda en términos generales la posición estadounidense, pero rechaza cualquier concesión en relación con el derecho de Irán al enriquecimiento de uranio y continúa sus operaciones contra Hizbolá.
Arabia Saudí considera las ambiciones iraníes en el estrecho de Ormuz como una amenaza directa tanto económica como estratégica. Para estos actores, varias de las exigencias iraníes resultan completamente inaceptables.
En conjunto, todo apunta a que las condiciones para una paz duradera son extremadamente limitadas. Los puntos más críticos del conflicto giran en torno a la seguridad, la soberanía y el prestigio, ámbitos donde los compromisos son difíciles.
La tregua y las negociaciones pueden ofrecer un respiro temporal, pero las tensiones estructurales permanecen.
En este contexto, la reflexión de Georg Klein resulta especialmente pertinente, la paz puede ser, en ocasiones, apenas una pausa entre dos guerras.
Buenas noches.