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Gatopardo o cambio: la izquierda frente al cuarto retiro

Por: Marco Enríquez-Ominami
Ya está bueno que la izquierda se baje del púlpito moral desde el que habla para criticar a las clases medias, solo por reclamar que les quieren cobrar impuestos sobre sus propios ahorros previsionales. Cómo no van a reclamar, si han aceptado por décadas pagar de sus propios bolsillos lo que debió haber pagado el Estado: salud, educación y pensiones.

Cómo no voy a estar cabreado, si después de ver a la gente pelear tanto por cambiar las cosas, lo más probable es que todo siga igual. Y si yo estoy cabreado, cómo no va a estar cabreada la gente, si sigue esperando en los hospitales, si sigue recibiendo pensiones de miseria, si sigue soportando un gobierno que fue incapaz de cuidarlo cuando más lo necesitó. Lo que había y hay que hacer, porque la pandemia y sus efectos médicos y económicos siguen, era y es ponerle plata en el bolsillo a la gente. Por eso el cuarto retiro es tan necesario.

Pero lo que más me cabrea es que sea la izquierda, la nueva y vieja, la que vuelve a cuestionar las necesidades y derechos de la gente. Me cabrea escuchar a un diputado y candidato que gana 5 millones de pesos mensuales, tratar de «excesivamente rica» a una mujer que cría sola a sus hijos, porque gana 2 y medio millones de pesos. Me cabrea porque lo que buscan, simplemente, es ponerle palos en las ruedas al proyecto del cuarto retiro, pero sin pagar los platos rotos. Mi conclusión es la siguiente: esta elección se va a tratar de enfrentar la inercia de los gatopardos.

Ya está bueno que la izquierda se baje del púlpito moral desde el que habla para criticar a las clases medias, solo por reclamar que les quieren cobrar impuestos sobre sus propios ahorros previsionales. Cómo no van a reclamar, si han aceptado por décadas pagar de sus propios bolsillos lo que debió haber pagado el Estado (salud, educación y pensiones), para que ahora, cuando necesitan sobrellevar los efectos de una emergencia global, que no ha terminado, venga la izquierda a castigarla con un varillazo de impuestos en las manos, para financiar a ese mismo Estado ausente. La mezcla es horrible, un Estado rico y mucho menos endeudado que su pueblo, cuarentenas, aumento de la cesantía, y una izquierda, abúlica de gente, ciega a sus necesidades, pero presta a tratarlos de salvajes: ¿cómo se les ocurre desear?

La centro-izquierda está confundida entre el centro político y la tibieza, y eso, después de una revuelta y una pandemia, después de décadas de abusos y peleas, cansa. Es como si los viejos jerarcas de la Concertación, que me invitaron a fumar opio el 2010 cuando los desafié, hubiesen tomado una máquina del tiempo: síiii, sí vamos a descentralizar, pero cuando los territorios estén preparados, sino es gastar plata de más; síiiii, sí vamos a mejorar los sueldos, pero a su debido tiempo, porque se nos dispara la inflación. Noooo, pero cómo les vamos a pasar plata así no más ¿Para que se la fumen y tomen? No pues, con impuestos y en cuotas; síiii, sí vamos a democratizar las decisiones, pero dentro de un marco civilizado de 2/3, y mientras tanto, vamos a hacerle mansplaining al pueblo con nuestros abogados constitucionalistas, hasta que esos bárbaros entiendan lo que les conviene.

Cuando quieres cambiar las cosas y hacer de Chile un mejor país, tienes que buscar el poder para desafiarlo, no para acomodarte como un gordo gato capado. De eso se trata esto, y la gente lo tiene más que claro. Chile, decía Raúl Ruíz, es una telenovela permanente. Te puedes perder dos, tres, cuatro capítulos, pero cuando vuelves a verla, todo sigue donde mismo. Todos recelamos de ese gatopardismo chileno, pero ese gato siempre está ahí, amenazándonos, y hoy parece que se quedó de nuevo dormido y arrellanado encima de los reclamos de la gente.

Marco Enríquez-Ominami
Candidato presidencial del PRO.